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Algunos días no deberían existir. Cualquiera que se encontrara en el pellejo de Bea pensaría lo mismo. ¿Cuántas probabilidades hay de que la Administración cometa un error tan grave que envíe tu vida y tu estabilidad al garete? ¿Y de que te toque precisamente a ti? ¿Y qué es lo peor de todo? Que quien tiene que demostrar que fueron ellos los que metieron la pata eres tú —¿quién si no?—.

Jodido, ¿verdad?

Viuda, con un bebé al que mantener y sin trabajo, a Bea no le queda otra que pedirle a su cuñado, Theron Mitros, que la ayude a deshacer el entuerto. No sería nada del otro mundo, si no fuera porque nunca le cayó bien a Theron, porque este vive en Creta y… porque le está ocultando algo.

 

Una novela romántica tierna, de segundas oportunidades, seducción, pasión y un secreto que lo cambiará todo.

 

Noa Xireau: Esta historia de amor contiene, desde mi punto de vista, uno de los mejores finales que he escrito. Espero de corazón que disfrutes de su lectura.

UN PEQUEÑO ERROR

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UN PEQUEÑO ERROR

CAPITULO III

Ya era casi la una de la madrugada cuando Theron paró el BMW de alquiler ante el bloque de pisos. Bea se sentía tan agotada que el simple hecho de tener que bajarse del vehículo ya le suponía un esfuerzo hercúleo.

—¿Aquí es donde vives? —La extrañeza en la voz de Theron no le pasó desapercibida ni tampoco la forma en la que miró a su alrededor inspeccionando la barriada.

—Sí. La renta es un poco cara, pero nos encantó el ambiente desde la primera vez que vinimos a visitarlo y tiene un parque cerca al que solemos ir con Niko. —Bea dejó de hablar en cuanto cayó en la cuenta de que seguía usando el plural.

—Supongo que Niko a estas horas estará dormido, ¿no?

—Debería, pero es un pequeño demonio que odia ir a dormir y que ha aprendido que con Mabel puede conseguir cualquier cosa.

—¿Mabel es la niñera?

—Es una vecina y una excelente amiga. —Bea prefirió no mencionar que era la única que tenía.

Theron asintió y aparcó.

—Me gustaría conocerlo aunque esté dormido, si no te importa. No lo despertaré, lo prometo.

Bea reprimió un suspiro. Lo único que quería era hacerse un ovillo sobre la cama y abrazar a Niko. ¿Podía negarse a la petición de Theron después de que él se hubiera hecho cargo de la factura de la funeraria y del tanatorio y de que se mantuviera a su lado para atender a las más de cien personas que se personaron en el velatorio? Incluso se había ocupado de que unos primos permanecieran allí durante la madrugada ofreciéndole a ella la posibilidad de ducharse y descansar un rato.

—Claro. —Le gustara o no, lo mínimo que podía hacer era ofrecerle un poco de hospitalidad.

Entraron en el edificio en silencio y no hablaron ni siquiera en el ascensor. Los profundos círculos oscuros bajo los ojos de Theron y la forma en la que se habían multiplicado las diminutas arruguitas alrededor de ellos delataban que había tenido un día duro.

Las manos de Bea temblaron cuando quiso meter la llave en la cerradura y fue Theron quien acabó por quitárselas y abrir.

—¿Me das tu chaqueta? —le preguntó tras dejarlo pasar.

—Gracias. —Theron se la entregó sin dejar de estudiar el vestíbulo y las fotografías que tenía allí colgadas—. No es lo que me esperaba.

Aunque no fuera un halago, tampoco fue un insulto. A Bea no le resultó difícil adivinar a qué se refería.

—Theo insistió en que lo decorara a mi gusto, quizá por eso no reconozcas demasiado su estilo elegante y sofisticado. Trajo alguna que otra pieza de sus viajes, pero me dejó que eligiera lo demás.

Donde Theo siempre había sido más un hombre de mundo que disfrutaba del arte y la sofisticación, ella había sido una persona más sencilla que prefería vivir en una casa que se sintiera un hogar en cuanto se cruzara el portal.

Los ojos de Theron se posaron sobre ella como si no la hubiera visto hasta ese momento.

—Es acogedor.

—Gracias. —Bea se afanó en colgar la chaqueta en un intento de escapar de su intenso escrutinio.

—¿Bea? ¿Eres tú? —La voz de Mabel sonó adormilada desde el salón.

—Sí, sí, no te preocupes.

Los ojos entrecerrados de Mabel se abrieron de par en par al ver a Theron y se levantó tan rápido del sofá que hasta se tambaleó.

—Lo siento. No hubo forma de que se acostara en su cunita y ya de paso también me he quedado frita —se disculpó Mabel señalando a Niko, quien se encontraba tumbado sobre el sofá, con la carita colorada y la baba cayéndosele por la comisura de la boca.

—Gracias, Mabel. Ya me encargo yo del señorito. —Bea le sonrió cansada, aunque no se le escapó que los oscuros ojos de Mabel no se despegaban de Theron.

—Bea… —Mabel le lanzó una mirada inquisitiva—. ¿No vas a presentarnos?

—Eh, sí, por supuesto, perdonad. Bea, este es Theron, el hermano de Theo. Theron, mi amiga Mabel.

—Era complicado no adivinar el parentesco. Son casi dos gotas de agua. Aunque siendo sincera, a usted se le nota un poco más la experiencia y la madurez en sus rasgos, una combinación de lo más atractiva si me lo pregunta. —Mabel se acercó a él con la elegancia de una gata en celo, sin embargo, su tentativa de darle dos besos en la mejilla se vio truncada cuando Theron interpuso el brazo entre ellos y le ofreció la mano con frialdad.

—Encantado.

La sonrisa seductora de Mabel se congeló en sus labios.

—Bueno, pues si ya no me necesitáis… —Mabel le echó una ojeada a Theron como si esperara que se opusiera—, entonces, eh… pues me marcho.

—¿Puedes venir mañana a las seis y media? Quiero estar en el tanatorio a las siete.

—Claro.

—Te acompaño a la puerta —se ofreció Bea deseosa de librarse de la imponente presencia de Theron, aunque fuera solo por unos segundos.

Agotada, ignoró la expresión desencantada de Mabel, quien la ojeaba con intención, seguramente, tratando de comunicarle que la invitara a quedarse. No pensaba hacerlo, no con Theron allí. Su intención era finiquitar su conversación con él cuanto antes y despedirlo también a él, no ser la anfitriona de una velada social con el fin de que Mabel pudiera acabar tirándoselo en el dormitorio de invitados.

—¡Dios! ¡Ese hombre es pura tentación! ¡Y yo que te envidiaba por Theo! —susurró Mabel excitada en el vestíbulo—. ¡Pero si en comparación elegiste al hermano feo! ¿Cómo no te quedaste con este? Es más guapo y más sexy. Me recuerda a un puma al acecho de su presa. ¿Tú eras tonta o ciega?

Bea bufó. No, no tenía nada de ciega.

—Créeme, Theron no es el tipo de hombre que le convenga a ninguna chica más allá de una relación esporádica. Le gustan demasiado las mujeres y las cosas buenas de la vida. No renunciará a ellas por una pareja estable. Sigue mi consejo y mantente alejada de él.

—¿Te has vuelto loca? Una sola noche con ese tipo equivale a mil con cualquier otro.

Bea no contestó. ¿Para qué? No podía negar que Theron era atractivo y que poseía experiencia, y hasta se habría atrevido a apostar que efectivamente era un fabuloso amante, pero Mabel estaba equivocada si asumía que eso era lo único que importaba en una relación. Que Theron fuera un amante extraordinario no compensaba la sensación de haber sido usada que con seguridad la esperaría a la mañana siguiente cuando se marchara sin mirar atrás.

—Buenas noches, Mabel. Valoro muchísimo lo que me has ayudado hoy.

—Que sepas que mañana espero que me cuentes todo sobre ese fenómeno y, a ser posible, que me invites a almorzar con vosotros.

—Ni siquiera sé si piensa quedarse más allá de la misa. Solo ha subido porque quería conocer a Niko. Imagino que no tardará en marcharse.

—Ah, vale. —Mabel le dio un beso en la mejilla—. Pero que sepas que te consideraría una amiga cojonuda si pudieras concertarme una cita con él.

Bea entornó los ojos.

—Por supuesto —contestó, callándose que por nada en el mundo estaría dispuesta a pasar con Theron más tiempo del imprescindible.

Mabel no debió fijarse en su cara, porque la abrazó entusiasmada.

—Buenas noches.

Bea se apoyó en la puerta tras cerrarla. El cansancio solo hacía que la soledad y la impotencia se acentuaran. Habría dado cualquier cosa por poder aplazar la confrontación con Theron hasta el día siguiente.

Lo encontró en el mismo sitio en el que lo había dejado y desde donde seguía observando a Niko. Su tez había adquirido de nuevo un tono ceniciento. Bea se sintió culpable. Se llevara mejor o peor con él, era su hermano quien había muerto.

—¿Quieres algo de beber o de comer? Has pasado horas en el tanatorio. Puedo prepararte cualquier cosa en unos minutos si te apetece.

—¿Theo le hizo una prueba de paternidad?

—¿Me estás tomando el pelo? —Bea abrió la boca incrédula y bufó cuando él le dedicó una mirada seria—. Dime que no es lo que creo que es. Ni siquiera tú puedes ser tan frío e hijo de puta. O sí, por supuesto que puedes serlo. Aun pasando estos últimos años de él, hoy te presentaste como el hermano dolido ante toda esa gente desconocida que ni siquiera sé qué pintaban allí.

Theron parpadeó y cruzó los brazos sobre el pecho.

—¿Para qué no soy lo suficientemente hijo de puta?

—No piensas ayudarme. Pretendes quedarte tú con los pocos ahorros que pudiera tener Theo, sin importarte que sean de un bebé de ocho meses y que no tengamos otra manera de subsistir hasta que yo encuentre un trabajo y cobre.

El rostro de Theron se endureció.

—¿Es ese el tipo de hombre que consideras que soy?

—¿Tengo que recordarte que me miraste de arriba abajo la primera vez que Theo nos presentó? ¿Y que le preguntaste si cobraba por horas o por días, pensando que yo no entendía el griego? A pesar del tiempo que ha pasado, no has tratado de enmendarlo ni de disculparte. En ocho meses de vida, no te has dignado a enviar ni una nota de felicitación o has hecho una llamada interesándote por Niko, ni siquiera en su bautizo. ¿Qué conclusión debo sacar de eso? ¿Que a lo mejor tu sobrino no es lo suficientemente digno de portar el apellido Mitros porque yo soy su madre? Y, seamos sinceros, hasta hoy no tenía ni idea de que tuvieras a un abogado como asesor personal ni estaba al corriente de que la empresa en la que trabajabais era tuya. Eso lo hace todo peor. Con lo que cobra un abogado, también debes de tener a una secretaria a la que echarle el muerto de enviar una estúpida notita. No tienes excusas.

Theron se metió las manos en los bolsillos y le echó un vistazo a Niko, quien escogió ese preciso momento para meterse el pulgar en la boca.

—A lo mejor, soy el tipo de hombre que esperaba que, ante un acontecimiento tan significativo como lo es el nacimiento de un sobrino, alguien le hubiera informado y al que no se le pasó jamás por la cabeza que no fuera así.

Ella lo escudriñó boquiabierta, hasta que acabó por sacudir la cabeza.

—¿A qué estás jugando? Sé que Theo te lo contó. Te excusó cuando tuvo que dejarme sola durante la cuarentena porque le exigiste que acudiera a aquella dichosa reunión en Grecia. Algo que, dicho sea de paso, considero de lo más rastrero y abusivo por parte de su jefe. Y, mira por dónde, ahora resulta que tú eras su jefe y el responsable de esas ausencias. Con razón Theo no quería contarme nada más sobre su trabajo.

—¿Qué reunión?

—La de Navidades del año pasado. Lo sabes de sobra, deja de tomarme por estúpida. ¿Tienes idea de lo que le supone a una madre primeriza, con los puntos frescos, cuidar de un recién nacido?

El azul de sus ojos se oscureció mientras permanecían sobre ella como si pretendiera atravesarla hasta alcanzar sus pensamientos. Fue el quejido de Niko el que rompió la tensión.

—Ey, mami ya está aquí, cielo. —Bea acudió a su lado.

El pequeñajo alzó sus regordetes bracitos en su busca, a lo que ella respondió de inmediato cogiéndolo en brazos para sentarse con él. Niko restregó enseguida su nariz contra la blusa, buscando una entrada hacia sus pechos.

—Yo… —Bea le lanzó un vistazo inseguro a Theron—. Sigo dándole el pecho. Le calma, especialmente, por la noche.

Theron hizo un ademán afirmativo con la cabeza.

—¿Prefieres que salga? Puedo esperar en el balcón o en la cocina si te hace sentir más cómoda.

Había tanta sinceridad en su tono que ella negó y se abrió la blusa. Puso una mueca cuando Niko se enganchó con tanta ansia a su pecho que no pudo evitar un jadeo.

—Shh, tranquilo, campeón, calma…

—¿Duele?

La preocupación en los ojos de Theron fue tan genuina que le recordó a la que tantas veces había reconocido en los de su hermano ante cualquier inconveniente o problema. Theo, su Theo, el hombre que había estado a su lado durante aquellos dos años ofreciéndole su hombro cada vez que lo precisaba y que siempre solía tener una sonrisa o una palabra cariñosa para ella.

Como si todas las emociones acumuladas durante los últimos días se hubieran vuelto excesivas para seguir reteniéndolas, algo en su interior se quebró y, con un sollozo, Bea sujetó a Niko contra su pecho y rompió a llorar.

Theron, por su parte, cayó hincado de rodillas ante ella, pero lejos de tratar de consolarla, apoyó la cabeza sobre su regazo y sollozó con ella.