PUBLICAR EN INGLÉS

¿Quieres publicar tu obra en inglés y no sabes por dónde empezar?

Este libro puede ser un buen punto de partida. No se trata de un manual teórico, sino de la experiencia práctica y personal de una autora que ha publicado con varias editoriales anglosajonas y ha llegado a la lista de los más vendidos de su género en Amazon.com.

Sin importar si lo que te interesa es la publicación independiente o la tradicional, entre las páginas de esta obra encontrarás valiosos consejos y advertencias, que te darán una nueva perspectiva sobre el mayor mercado de libros del mundo, y te ayudarán a emprender tu aventura con los pies en la tierra y las ideas claras.

Disponibnle en Kindle Unlinted:

http://bit.ly/PublicarEnIngles

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Entrevista en

Triunfa con tu Libro.

Gracias a la publicación de este libro pude ser entrevista por Ana Nieto de Triunfa con tu libro. Fue una entrevista muy amena y entretenida. Aquí dejo el vídeo, espero que lo disfrutes.

PARTE I. 

ANTES DE TRADUCIR EL LIBRO Y PUBLICARLO

 

1.1. Antes de lanzarte a la piscina

 

La venta de un libro se produce mucho antes del momento en el que sale al mundo y llega a

las manos del público.

Se trata de un concepto que a estas alturas ya deberíamos tener asumido pero que, a veces,

se nos pasa por alto.

En especial, cuando nos sacan de nuestra rutina, que es justo lo que nos ocurre cuando nos

embarcamos en la aventura de la traducción de un manuscrito, corremos el riesgo de olvidar

todos nuestros conocimientos previos y, con frecuencia, nuestra objetividad.

¡Por supuesto que anunciamos nuestro nuevo libro en inglés, con su título genial y

su portada chulísima, a diestro y  siniestro ante nuestros amigos y entorno! Pero, cuando

lo hacemos, ¿tenemos en cuenta que ellos no leen en inglés?, ¿que va a ser poco probable

que lleguen a comprar el libro?,

¿y que, posiblemente, ni siquiera tengan a quién recomendárselo?

Si bien presumir nos ayuda a mimar nuestro ego, si no queremos que acabe hundido en el

estanque de la miseria y la autocompasión, lo mejor que podemos hacer es comenzar a

enfrentarnos a la realidad y al hecho de que tenemos que ponernos manos a la obra

cuanto antes.

En este punto, más de uno habrá esbozado una sonrisita satisfecha, porque ya se ha abierto una cuenta de autor en Goodreads, está pidiéndole amistad sin miramiento a autores americanos (algo que no está mal siempre que no olvidemos que no serán nuestros lectores), y hasta tiene traducida la sinopsis y ha subido la portada a KDP para ir preparando la publicación. ¡Genial!

Vale, ya te he alabado, pero ahora vamos a ponernos serios. Lo que acabo de describir, como mucho, equivale a abrir el monedero y revisar si entre los viejos tickets del supermercado se encuentran escondidas monedas suficientes como para poder comprarnos la lotería que nos hará ricos.

La venta de un libro traducido al inglés se inicia mucho antes de pensar en la promoción, y esto será una noticia que a más de uno le sentará como un jarro de agua fría:

El éxito de tu obra traducida comenzará en el mismo momento en el que te sientes a escribirla en español (o en inglés si eres de los afortunados que dominan el idioma).

No, el que la afirmación anterior esté subrayada y en negrita no es ningún error de maquetación. Quiero que entiendas que es una de las bases fundamentales antes de lanzarte de cabeza a la traducción.

 

¿Nunca te has planteado por qué los autores hispanos, incluso algunos famosos, están teniendo problemas para que sus libros sean traducidos al inglés?, ¿o por qué los pocos que lo han conseguido han acabado, en muchos casos, siendo un auténtico fracaso?

Pueden existir muchas respuestas a esas cuestiones. Una de ellas suele estar clara: se trata de dos mercados completamente diferentes. Sin embargo, entre el resto de posibles causas, existe una que nunca he oído mencionar a nadie: en el mercado anglosajón y en el hispano, cuando hablamos de literatura de ficción, la calidad de un escrito es interpretada de forma diferente si el lector es americano o si es español, por la sencilla razón de que están acostumbrados a cosas diferentes; y lo mismo se aplica a las editoriales.

Más de uno se estará echando las manos a la cabeza y se preguntará qué clase de barbaridad estoy planteando. Es posible, lo admito, puede que sea una auténtica barbaridad. No tengo ningún estudio científico que valide esa teoría, pero puede ser una explicación tan plausible como cualquier otra.

 

¿La ponemos a prueba?

 

Barbaridad número 1: en el mercado español, tanto tradicional como independiente, nos permitimos ciertas licencias que en el mercado anglosajón no suelen estar permitidas.

Cuando una editorial americana te contrata un manuscrito, una de las primeras cosas que el editor te hará revisar y corregir son todos los saltos de cabeza. Para algunas editoriales, el uso de los saltos de cabeza es incluso motivo de rechazo.

¿Qué es un salto de cabeza?

Es cuando en la historia pasamos de los pensamientos o punto de vista de un personaje a otro. Lo recomendable, según los estándares anglosajones, es que no se realice en una misma escena, ni muchísimo menos en un mismo párrafo.

Por supuesto, nosotros nunca saltaríamos de la cabeza de Fulanita a Menganita sin ton ni son, ¿verdad? (Menos mal que no me estás viendo la cara). Rara vez vemos nuestros propios errores, pero se trata de algo que podemos comprobar con facilidad en los libros de los demás.

Para no poner en entredicho a los autores independientes, a los que se les suele echar la culpa de demasiadas cosas en este mundo, te aconsejo que, en el próximo libro publicado por editorial que leas, te fijes si en alguna escena se pasa de los pensamientos de un protagonista a los del otro sin aviso previo. No todos los autores de habla hispana lo hacen, pero he leído libros de algunos autores muuuuuy famosos, publicados por editorial y convenientemente corregidos, en los que los saltos eran continuos. Se producían en el mismo párrafo y saltaban de un protagonista a otro como un yoyó, e incluso a la cabeza de los personajes secundarios.

 

«... Al tropezarse, Juana apagó el móvil y se volvió con rapidez para disculparse, pero entonces sus ojos quedaron frente al llamativo botón de una camisa masculina. Tragó saliva y deseó no haber sido tan torpe. ¿Es que su día solo iba a ir a peor?

—¡Lo siento! Me he despistado y... De verdad que lo siento.

El hombre la estudió quieto. ¿De qué le sonaba aquella rubia? Un instante después lo supo. Se apartó de ella y sin pronunciar palabra se largó con una sensación ácida en el estómago...».

 

Este texto es la transformación de un fragmento al que le he cambiado algunos detalles para que no puedas reconocerlo, aunque lo fundamental sigue presente, (a nadie le gusta que se le use como ejemplo de lo que no se debería hacer). Está publicado por una editorial española muy conocida y lo ha escrito una autora famosa, con varias decenas de libros de experiencia a su espalda. No es, quizás, uno de los ejemplos más llamativos y representativos, pero he querido escoger uno que estuviera publicado para demostrarte lo normal que resulta para nosotros pasar de un punto de vista a otro sin aviso previo.

Resulta obvio que, en este texto tan corto, no llegamos a identificarnos con ningún personaje, por lo que no nos cuesta diferenciar a uno de otro ni nos supone confusión al leerlo, pero aquí te dejo un par de cuestiones que deberías plantearte.

Si todo el libro estuviera escrito así, cambiando cada tres o cuatro líneas el punto de vista de un personaje a otro, ¿crees que serías capaz de identificarte con uno de los dos personajes? ¿Te permitiría entrar de lleno en la lectura hasta olvidar que estás leyendo? ¿O, por el contrario, tendrías que releer algunos párrafos para averiguar quién está pensando qué?

Si estuvieras leyendo toda la escena desde el punto de vista de Juana, inmersos en sus dudas y pensamientos, ¿no te causaría una ligera confusión encontrarte de repente ante la cuestión que se plantea el hombre?

Prueba a escribir esa misma escena desde el punto de vista de uno solo de esos personajes. ¿Te haces una idea del trabajo que costaría tener que realizar ese ejercicio para un libro completo? Aunque solo fuera un cambio en cada escena, supondría muchísimo tiempo y esfuerzo, y eso es justo lo que te tocaría hacer si una editorial en los Estados Unidos estuviera dispuesta a publicarte el libro.

 

¿Sabes cómo es calificado ese salto de cabeza por un editor americano? ¡Agárrate al asiento!: como una señal evidente de la inexperiencia de un autor. De modo que no importa si has sido un autor de prestigio durante los últimos veinte años, que te hayan otorgado premios y galardones en España, Latinoamérica o la India. Si cometes ese fallo, serás marcado como un autor inexperto y novato.

Pero claro, eso son los editores y profesionales, no tiene nada que ver con los lectores, ¿no? Uhmmm… ¿seguro?

Antes de que Amazon irrumpiera en el mercado, los lectores leían libros de editorial corregidos según esos estándares; cuando aparecieron los autores independientes, muchos de ellos venían de editoriales que les habían enseñado a escribir y habían pulido su estilo, con lo cual también tenían cuidado de no cometer semejantes atentados contra la escritura.

Los lectores se han acostumbrado a leer historias en las que se respetan los pensamientos de los protagonistas y en los que se les señala el cambio de un personaje a otro a través de un corte visual (línea en blanco, asteriscos o símbolos). Para la mayoría de los lectores, los saltos de cabeza resultan confusos e, incluso cuando no analizan el motivo real de por qué les resulta tan caótico ese tramo de texto, acaban irritándose y la lectura se convierte en una mala experiencia. Suponiendo que sigan leyendo, claro.

 

La mayoría de los autores acabamos por escribir en los mismos géneros que solemos leer. Puede ser una cuestión de gustos o simplemente porque nos conocemos esos géneros tan bien que son con los que más cómodos nos sentimos y con los que más soñamos, pero rara vez es una decisión consciente. Del mismo modo que las lecturas nos influyen a los autores, pueden influir en los lectores; aunque no es el momento ni lugar para entrar en teorías de condicionamiento.

 

Barbaridad número 2: los escritores hispanos rara vez nos detenemos a pensar que un personaje difícilmente puede ver qué ocurre a su espalda o que no puede saber que la heroína se siente engañada y vulnerable si esta no lo dice o expresa de alguna forma.

Es el momento en que alguien salte con el tema del narrador omnisciente y otras excusas similares.

 Vale, muy bien, podemos encontrar todas las excusas que queramos y yo no las voy a discutir, pero la realidad es que en este tema ocurre igual que en el apartado anterior. En la literatura actual anglosajona se le da gran importancia al POV (punto de vista desde el cual se relata una escena o historia y que nos sitúa con respecto a los personajes), y en especial al Deep POV que va un paso más allá y pretende meter al lector directa y profundamente en la cabeza y los sentimientos del personaje.

¿Qué ocurre entonces con el lector? Pues que si está acostumbrado a un tipo de escritura que le permite olvidarse de que está leyendo y a meterse en la piel del personaje, puede llegar a interpretar como alejadas y frías historias contadas de forma diferente. Y si un lector no conecta con los personajes y la historia no le llega, lo que ocurre es… Exacto, deja de leer sin más o deja una de esas odiosas reseñas de una o dos estrellas que suelen fastidiarnos el día.

 

Como de todos modos vamos a ir dedicándole un pequeño espacio a cada una de ellas, voy a saltarme las barbaridades intermedias 3 y 4 para pasar a la…

 

Barbaridad número 5: hay que mostrar, no contar lo que hacen, piensan y dicen los personajes. Esta corriente se está difundiendo cada vez más en el mundo de la literatura española, pero, por desgracia, aún somos demasiados autores los que no la ponemos en práctica.

Incluso para muchos lectores hispanos, este tipo de historias en las que se cuenta toda la trama desde un punto de vista externo y alejado, como si fuera un cuento, acaba por resultar pesada de leer. No importa lo bonita que sea la historia o la belleza del estilo del autor, cuando una obra no nos secuestra, devorándonos vivos, nos acaba por suponer un esfuerzo de concentración y, por tanto, nos costará trabajo leerla. Las reglas del mercado anglosajón son muy claras al respecto: hay que conseguir que el lector acabe tan inmerso en el mundo que hemos creado que se olvide de todo lo demás.

 

En las siguientes páginas, te dejo algunas explicaciones y pautas sobre los temas que hemos tratado. En el mercado anglosajón, cualquier autor que se precie se ha empapado de ellas y las pone en práctica en mayor o menor medida. Mi consejo, si quieres ser considerado algún día un gran autor en el mundo de la literatura anglosajona, o al menos un profesional que sabe lo que se hace, es que aprendas a incorporarlas a tu forma de escribir. No solo se beneficiará la traducción de tu libro, sino también tus lectores de lengua española, porque empleadas bien, estas técnicas te ayudarán a darle una mayor claridad y viveza a tus obras y a crear personajes más cercanos y reales.

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EXTRAS: Entrevista de Ana Nieto

 

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